Tienes cuatro colores a tu alcance. Cuatro colores.

No importa si estás escogiendo telecomunicaciones, carburantes, seguros, aerolínea, banca... La cosa es que te ofrecen un logotipo rojo y blanco, uno azul marino, otro naranja, y otro verde fosforescente.

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

Luego están los iconos. Ellos los llaman logotipos, pero a efectos prácticos son iconitos, tío, como en el teléfono. Colorines, fichas del parchís. Todo tiene la simplicidad de la guardería. Escoge entre las principales entidades bancarias de tu país, mira los colores que han escogido ellas para representarse. Escoge gasolinera y quédate con que tienes una roja, una azul y una verde chillón, poco más. Fíjate en los colores de los principales operadores de telefonía, en los de los partidos políticos. ¿No ves un patrón ahí? ¿No te parece que se repite siempre una misma estrategia?

Pueden cambiar los tonos del azul, o puede que hoy no jueguen la ficha verde o la naranja, pero el tinglado siempre es el mismo, la magia del libre mercado. Que puedas escoger, ser el interactor. Optar entre tres o cuatro colores como estos. Logotipos. Iconos. Punto.

 

Porque los precios y la línea de producto son exactamente los mismos. Los han diseñado en tu contra.

 

Hubo una época en la que los colorines habidos eran mil y competían todos contra todos, para ofrecerte el mejor producto, y tú al elegir determinabas cuál de todas las candidaturas debía imponerse a las demás. En el proceso fueron siendo descartadas varias opciones hasta que un día te encontraste con lo de ahora: cuatro colores. Siempre los mismos. En todos los mercados maduros. Pero el producto no cambia. Las mismas velocidades en Internet, los mismos tipos de interés, el mismo programa electoral, los mismos precios…

 

Se supone que para vigilar los monopolios y para evitar que los operadores del mercado pacten precios están los tribunales. Pero los tribunales imponen unas multas que no son más que calderilla para unos operadores tan poderosos. Las multas se pagan, se reducen, o se recurren, y listos. Que siga la fiesta.

 

Al final va a ser que el capitalismo ha terminado haciendo que sus protagonistas en vez de competir entre ellos terminen cooperando, emprendiendo acciones conjuntas contra los intereses del consumidor. Se ponen de acuerdo en cómo piensan expoliar al populacho y luego proceden a ello, a menudo frenando los avances tecnológicos del mercado a base de dejar de lado las líneas de negocio que reducen sus márgenes de beneficio. Se ponen de acuerdo en hacer lo mismo por lo mismo, y así es como te lo están quitando todo.

 

Así que sigue escogiendo, sé un buen Pepito, elige entre John Jackson y Jack Johnson. Perpetúa el fraude del sistema. Consigue que nada cambie. Que sigan gobernando los mercados, los iconos.
Cada vez que te sientas frente al trilero de los cuatro colorines estás entrando en un juego en el que terminas perdiendo tú para que tu vida se la repartan entre cuatro. No intentes escapar. No seas perroflauta. Di. Rojo, azul, naranja o verde.

Di. Pastilla azul o pastilla roja.